ASTERIX CONTRA EL IMPERIO DE LA PALABRA

Fernán Escudero

Denuncia el humorista gráfico Jesús Zulet en su blog de El Correo, como antes en su libro Black&White (2010), que en nuestra cultura persiste una desconsideración general hacia el valor de la imagen y por tanto hacia la categoría creativa e intelectual de los dibujantes, recientemente evidenciada por la decisión del fisco francés de privar a Uderzo de sus derechos como autor de las historietas de Astérix donde sólo firmó en calidad de dibujante y no de guionista. La noticia ha soliviantado al mundo del humor gráfico y del cómic, y la asociación de dibujantes FECO España ha emitido un comunicado oficial, en tanto FECO Europa se dispone a plantear una protesta formal ante el gobierno francés.

Coincido con el humorista editorial Zulet: es evidente que los señores serios y supuestamente cultos como los legisladores galos que adjudican la autoría de las obras gráfico-literarias tan sólo a los autores escritores, como se ha fallado en el caso Uderzo-Asterix, respetan menos el trabajo de los artistas plásticos que el de los literatos, sobre todo si no son pintores de lienzos sino pintamonas de papel dedicados a hacer reír a sus semejantes y a ridiculizar a los mandamases, en este caso los romanos. Pero creo que los galos de a pie opinarán lo contrario, pues las ventas de libros de Asterix alcanzan 325 millones de euros hasta la fecha.

Salvajes iletrados

Sobre la polémica escritores versus dibujantes, lenguaje verbal versus lenguaje visual, me parece que dibujos y palabras son carriles de la misma autovía a través de la que circulan nuestros pensamientos y nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás, como numerosos filósofos y científicos sostienen. Personalmente estas categorías de signos y símbolos me resultan partes inseparables de una misma habilidad lingüística, creo que nadie podría leer o escribir sin tener imágenes en mente; puestos a señalar superioridades sin duda la imagen posee mayor autonomía que el habla o la escritura, e indiscutiblemente mayor potencia: véase nuestra actual sociedad de la información. Aunque eso ya se demostró en Altamira.

Por cierto, al descubridor de esta cueva le acusaron de falsificador y murió sin reconocimiento de la comunidad científica, porque los señores serios de entonces, cuyos descendientes todavía nos acompañan, pensaron que era imposible que el ser humano primitivo, que aún no había inventado la escritura, fuera capaz de dibujar y pintar tales maravillas.

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