HISTORIA DE ODIO Y MASACRE CONTRA “EL PAPUS”

Fernán Escudero

El conserje de la revista murió en “accidente laboral por bomba”

Un documental denuncia que el atentado quedó impune

Hijo de uno de los humoristas del semanario El Papus, David Fernández de Castro tenía 8 años cuando supo que un paquete-bomba en la sede de la “revista satírica y neurasténica” había estado a punto de matar a su padre, quien se salvó por azar junto a sus compañeros dibujantes de morir destrozado por la explosión que sí segó la vida del conserje, Juan Peñalver, y dejó malherida a la telefonista. Ocurrió en el corazón de Barcelona el 20 de septiembre de 1977.

"El Papus, anatomía de un atentado", crónica del intento de asesinato de los ruiseñores humoristas más cachondos del Reino y de la inhibición oficial ante el primer crimen contra la libertad de expresión con resultado de muerte en la España predemocrática

Hoy aquel niño es un realizador cinematográfico que denuncia en su documental “El Papus, anatomía de un atentado” (emitido en Televisión Española) que este crimen permanece irresuelto; que la ley se inhibió tanto en la fase policial como en la judicial. Hasta el punto de no analizarse el tipo de explosivo utilizado y establecerse oficialmente que las víctimas lo fueron por accidente laboral y no por atentado terrorista (¿quizá porque esta última figura estaba por legislar y sólo la primera ofrecía cierto amparo en cuanto a indemnizaciones, pensiones, etc.?). Incluso en alguna medida se responsabilizó al conserje fallecido de su propia muerte por no haber tomado las debidas precauciones. En tanto los encausados, ultras pertenecientes a una organización fascista –y, según ciertos indicios, no lejanos a determinados sectores de las fuerzas de seguridad del Estado–, cumplieron breves penas, ninguna por asesinato.

Tiempos estos y aquellos

A pesar del tiempo transcurrido ni los familiares de Juan Peñalver ni la empleada herida han querido hablar para el documental; no debe de ser fácil sobreponerse a tamaña barbarie, y menos seguida de tal injusticia. Asimismo la producción ha chocado con un muro de silencio al investigar en las fuentes oficiales. Sí reúne la cinta testimonios de algunos artífices del semanario, de diversos analistas y hasta de algún presunto autor de las amenazas de muerte que entonces llovían sobre la revista.

Cuando se cumplen treinta años del 23F este audiovisual nos retrotrae a esos tiempos convulsos en que, pese a estar Franco muerto, la democracia propiamente dicha y consolidada todavía no era una realidad ni estaba del todo claro que lo fuera a ser. Desde luego no faltaban partidarios de impedirlo aun a fuerza de imponer silencio a sangre y fuego.

No obstante eran también tiempos de efervescencia vital, de alegría regocijada por las ventanas ya abiertas a la libertad, y El Papus saltó por ellas con un pie en el boom del humor y otro en el boom del destape subsiguiente. Su desvergüenza e incorrección contra las instituciones y el llamado buen gusto le valió, según datos del documental, 300.000 lectores semanales en su pico de éxito, al tiempo que la constante punición censora, con multas y clausuras temporales.

Por edad no fui lectora de El Papus en su momento, pero las hemerotecas están para algo. En este caso para demostrar que la revista conserva gran fuerza como expresión de una época. Era puro cachondeo despendolado; en un primer momento centrado en la pachanga por la pachanga. Después se politizó, y arreó en todas direcciones, aunque el conservadurismo fue su mayor diana. En este sentido, David Fernández de Castro ha afirmado: “Todos los entrevistados vinculados con El Papus me decían que hoy en día sería impensable una revista tan crítica“. (Ver más declaraciones del director del documental).

El número elaborado tras el suceso da una lección magistral de positivo sentido del humor, nunca mejor dicho que a prueba de bomba, ante lo que pudo haber sido una masacre mayor si los periodistas de El Papus se hubieran reincorporado inmediatamente a sus mesas tras el consejo de redacción, si no se hubieran demorado unos minutos contándose chistes. Les salvó la misma guasa que previamente les había condenado.

Dice en esta cinta Carlos Giménez, entonces dibujante de El Papus, que es mentira que una pluma pueda más que una pistola: sólo es algo que suele decirse para desmoralizar al enemigo, al violento. Si el mundo fuera un lugar razonable, los asesinos –entonces quienes pusieron la bomba en una revista de humor, hoy un loco sanguinario como Gadafi– no sólo andarían muy desmoralizados sino que pagarían sin posibilidad de escape por sus crímenes. Y el disfrute del derecho a una vida digna en paz y libertad sería universal.

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