LAS 12 UVAS DE LA INDIGNACIÓN

Fernán Escudero

Cuando me miro al espejo veo la cara de mi amo

Una parte esperanzada con el milagro entre el batallón de indignados que ayer fueron o no a las urnas han decidido permanecer al menos una semana más en La Puerta del Sol. Bajo el reloj donde en nochevieja todos los años la multitud se toma doce uvas al son de las campanadas de medianoche para celebrar el futuro sobrevenido, ahora los extemporáneos celebrantes de mayo, junto con muchos otros ciudadanos que se postulan como tales en múltiples plazas de España, han decidido seguir transformando la calle en inobviable ágora de emergencia para hacer reaccionar a la clase política.

Son innumerables los oprobios de antes y después de la última y enésima crisis económica contra los que han reaccionado los manifestantes, que se sienten a merced de una intolerable picaresca nacional y globalmente institucionalizada que engorda a los pocos mientras exprime a los muchos, tratados como menores de edad intelectual. En países desarrollados como España cual siervos sujetos de impuestos pero con poca voz. En países menos afortunados, aún más abiertamente como esclavos y carne de cañón.

Estos días los ilotas hispánicos de nuestros tiempos se rebelan en un pequeño porcentaje de gran visibilidad. Creo como Jaime Gil de Biedma que al mirarnos al espejo vemos la cara de nuestro amo: especialmente los más jóvenes, ante la pasividad de los mayores, desde hace muchos años han venido aguantando lo inaguantable.

Por ejemplo, condiciones laborales indignas por miedo al coco del paro con el que históricamente en España los niños nacidos sin enchufe crecen asustados desde la cuna. Y con razón, claro. Los papás se encargan de darles comida y techo hasta los cuarenta o más, porque el sueldo de los hijos, si lo tienen, es vergonzante.

Está bien pedirle peras al, hasta hoy, olmo de la clase política, y desde luego clama al cielo que España aún no tenga una ley electoral verdaderamente representativa en paridad de todos los votantes con independencia de la densidad de población del territorio que habiten, etc. etc., una nueva ley promulgada en democracia, libre de las presiones del pacto de transición desde el franquismo que vició de origen la actual norma.

Pero aún en las previsiones más optimistas está claro que nadie excepto ellos mismos va a venir a salvarlos. Así que es obligado que los indignados sigan reuniéndose para hablar y compartir estrategia en una semilla de movimiento asociativo, positivo en sí, hasta el punto de que hubo consenso en la ONU para fijarlo como uno de los objetivos del milenio para el desarrollo.

Estos jóvenes de todas las edades del 15 M son emprendedores de esperanza. Y organizadamente predican con el ejemplo hacia los demás el respeto que piden para sí mismos.

Con su valiente iniciativa y pacifismo han prendido en las conciencias. Han dado el primer paso para airear la arena política en defensa de una vía personal y social hacia la libertad y la dignidad, es decir, algo parecido a lo que tratan de lograr gran parte de los humoristas gráficos que conozco.

La situación es crítica pero no desesperanzada.

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