CHISTUITEROS DE ESPAÑA UNIDOS PIDEN LA DIMISIÓN DE RAJOY

Fernán Escudero

Risa floja versus formalidad almidonada

#21N: de nuevo la red social Twitter se tiñe de sarcasmos hilarantes contra D. Mariano Rajoy *, y a menos de 24 horas de su elección numerosos chistuiteros le exigen que dimita en un alud de frases ingeniosas con mala leche condensada.

En principio se entedería que estos tuiteros son disidentes de la mayoría absoluta que solo están de cachondeo utópico-paródico, de pataleo humorístico-creativo, pero es que algunos pro PP y en general los usuarios no orientados al chiste responden airados, en serio, contra el tema de éxito del día bautizado #rajoydimision.

En ocasiones el humorismo complica el diálogo, pues muchas personas temen la risa que juzgan irrespetuosa, la ven como un ataque destructivo peligroso, y sus razones tienen. Si no que le pregunten a Gregorio Peces Barba qué pasa cuando se habla jocosamente, por ejemplo, de Historia de Cataluña fuera de la intimidad. O a José María Aznar cuando en la cadena Cuatro le convierten a uno en teleñeco del Guiñol.

El uso humorístico de las redes sociales como medio de expresión política es una novedad habitual e instaurada de momento entre un pequeño porcentaje de la población no solo en España sino en todos los países. Pero el poder vigila: por ejemplo, la semana pasada en México la policía detuvo al diseñador y humorista gráfico Mario Flores, @mareoflores, en calidad de sospechoso de atentado terrorista por un tuit donde bromeaba con que al pasear por la calle podía caerle encima un secretario del cielo, precisamente horas antes de que muriera en accidente de helicótero el secretario de Interior mexicano en un bis de lo sucedido hace pocos años a un antecesor en el cargo. Cuántas veces los chistes de opinión que parecen visionarios no son más que un calco de la realidad que nos envuelve en el testarudo ciclo del tiempo que retrotrae al pasado una y otra vez.

*Antepongo el tratamiento de D., don, siguiendo la tendencia al uso entre los administradores gubernamentales electos: en los discursos de la noche electoral chocaba la solemnidad con que se aludían entre sí y a los políticos rivales, siempre con el don antepuesto al nombre, o el doña, igual que en las papeletas de votación, a distancia de la campechana llaneza con que se trataban en campaña electoral codo a codo con las masas. Será que en adelante desde las alturas toca mantener la formalidad estirada, pues la risa floja ya viene sola.

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