MERKEL, SARKOZY Y KAFKA VAN A LA ESCUELA DEL MERCADO DE LA CARNE

Fernán Escudero

Buenos deseos para el día de la Constitución y el puente de la Inmaculada Concepción

¡Oh, la etimología! Conocer de dónde vienen las palabras nos habla de la vida secreta de los parlantes, es divertido y aumenta nuestra comprensión imaginaria de las cosas, pero en ocasiones abre el estuche de las obsesiones. Véase mi caso:

Es oír el apellido del galo-húngaro Sarkozy y automáticamente me come el seso su raíz griega “sarco”, que significa carne; no lo digo como experta lingüista, que podría ser el caso, sino gracias a mis veleidades con el humorismo: hace tiempo comprobé en el Corominas que “sarcasmo”, burla mordaz y sangrienta, etimológicamente enraíza con desollar, arrancar la piel para obtener la carne. También de “sarco” procede el carroñero traje póstumo “sarcófago”.

Por tanto, aunque personalmente no me cae gordo, tiene un rostro animado como el de una caricatura y me hace sonreír verle, por ejemplo, hacer footing pisando charcos ajeno a los cuidados de su bebé y demás asuntos de Estado, el regusto a Nicolás me revuelve el estómago, cual carne cruda demasiado sangrante. Temo sus servicios al cuerpo social continental del que formo parte; más que hijo de la carne me parece manipulador de picadillo de salchichas. Y eso que adoro el goulash, también de origen húngaro.

Su comida de ayer con Angela Merkel (¿les servirían goulash, tournedo, codillo…?), otra más, es un comercio de sí mismo que pone la carne de gallina. Al otro lado de la mesa no hace falta el Corominas para aventurar la procedencia etimológica del apellido de la cancillera alemana: mercado. Qué sugerente.

La mandamás de la plaza es otra personalidad física y espiritualmente oro puro para el humor, gráfico o no, contra la que no tengo antipatías subjetivas pero sí objetivas: véase adónde nos ha llevado a los europeos, alemanes incluidos, su liderazgo fáctico del Mercado Común, a morder el polvo que levanta la agencia calificadora Standard & Poor’s desde Water Street, Nueva York. Sube el muro de agua entre los EE UU y la UE.

No es difícil comprender que la ministra italiana de trabajo Elsa Fornero rompa en sollozos al anunciar los nuevos requisitos para lograr una pensión de jubilación en Italia, 42 años y un mes de cotizaciones si los periódicos del día no mienten; ni que el primer ministro Mario Monti renuncie a su salario por mostrar a los italianos el camino al matadero de la teta seca del Estado.

Ah, si los hijos malos alumnos del matrimonio Mercozy refundador de Europa decidiéramos matricularnos en la Escuela del Mercado de la Carne –y no hablo de prostitución sino del colegio de Kafka– aprenderíamos bien las cuatro reglas de la triple A y todas las letras del abecedario… entonces este absurdo carnaval más sanguinolento que la canción de la barbacoa al menos tendría altura literaria.

Y nos cualificaríamos para pasear con elegancia entre las tumbas bailarinas del cementerio judío de Praga o las arabizantes del católico de Casabermeja; los camposantos me parecen cada día más bellos.

De momento asistamos al entierro de la sardina de las clases medias del viejo continente y purifiquémonos entre las cenizas de la derrumbada sociedad de consumo, reservada en adelante para los más ricos del cementerio. Otro mundo, al menos interior, es posible.

E-timología: ciencia que estudia el timo por vía electrónica.

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