HUGH HEFNER “HEF”, VIÑETISTA ANTES QUE PLAYBOY

Fernán Escudero

El dibujante y la conejita

Viñetista vocacional, Hugh Hefner Hef concibió la revista para hombres Playboy, con el logotipo del conejito, a partir de un concepto del mundo eminentemente visual, rebelde y lúdico, el propio de un dibujante humorista.

Desde el principio, se propuso crear para su publicación una plantilla de dibujantes similar a la del The New Yorker, según ha afirmado. Que lo consiguiera es muy discutible, así como la calidad del humor gráfico más o menos procaz publicado. Lo que no se puede discutir es que marcó estilo.

El humor gráfico, puntal de la revista Playboy

En todo caso los chistes fueron ingrediente clave para cocinar la personalidad erótico-festiva elegante lograda por esta cabecera que apela al instinto sexual del lector no por la mera vía pornográfica sino por la sofisticada de halagar su inteligencia aportándole fotos picantes pero artísticas de “conejitas, playgirls o playmates” al tiempo que contenidos enjundiosos de firmas de primera fila.

El editor considera que el humorismo gráfico está no menos íntimamente ligado al éxito de ventas de Playboy que sus secciones literarias, sus entrevistas periodísticas y sus mujeres desnudas juguetes luminosos del deseo.

Desde luego no ha sido ni será el único empresario que recurra a la suma de humor más piel femenina para vender ejemplares, esta aritmética se hace por norma hasta en las casas de la información y el entretenimiento más santas y reputadas, en el papel y en las pantallas de televisión, cine, ordenador, móvil… Sin entrar a hablar de los anuncios de contactos ni de la adicción publicitaria a promocionar artículos de todo tipo con auxilio de alegre erotismo subliminal o manifiesto.

El brillante documental Hugh Hefner. Playboy, activista y rebelde (emitido en La noche temática de RTVE) reivindica el papel de defensor de los derechos civiles de los negros y de la libertad sexual masculina y femenina representado en los Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX por este controvertido personaje hecho a sí mismo playboy mediático, hombre anuncio.

La película apunta asimismo opiniones divergentes, que le acusan de haber cosificado y estandarizado el cuerpo de la mujer haciéndola esclava de cánones de belleza irreales y de una mirada superficial con complejo de superioridad por parte del hombre que la revista ha legitimado y promovido. Una mirada nociva para la convivencia entre géneros sin machismo.

Visto por conservadores y progresistas como un excéntrico multimillonario que había amasado su fortuna inmoralmente, allí donde el negocio de los medios se solapa con el de la prostitución de la mujer ya sea en carne y hueso o en imagen, la alta sociedad norteamericana le rechazó en sus círculos sociales y al no ser admitido por las élites él se fabricó su propio círculo en la cama redonda de su mansión, su programa de televisión, su jet, los clubs Playboy…

En uno de sus locales por primera vez subió al escenario un humorista negro, en los años sesenta, cuando todavía, dentro del país emblema de la democracia y la libertad, los de esta raza podían cantar pero no hablar; entonar sentimientos convencionales pero no verbalizar pensamientos críticos. El citado documental recoge el testimonio de este pionero del monólogo cómico con mensaje racial.

Hefner, un viñetista coronado en la corte del indecente rey dinero

Hefner llegó a ser un hombre poderoso pero aislado y criticado por los bienpensantes a izquierdas y derechas, hippies o carcamales le despreciaban por igual. “Cuando te llueven palos de uno y otro lado es que vas por el buen camino”, opina un buen amigo, cuyo nombre no cito porque ama el anonimato. Al contrario que Hef, quien para encontrar un lugar bajo los focos se concentró en rodearse no sólo de llamativas bellezas sino de otros outsiders como él, artistas, disidentes famosos, gente contracorriente.

No me cabe duda de que el editor, a pesar de sus descarados exhibicionismos –dedicó un número especial de Playboy a desnudar a su propia esposa desde todos los ángulos y sobrepasados los ochenta años de edad ha presumido de convivir con siete (¿o eran trece?) novias simultáneamente, más la caja de viagra– sigue buscando reconocimiento social, amor del puro no solo de sus semejantas sino de sus semejantes.

Memorables los párrafos que Tom Wolfe le dedica en el libro La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop, donde en otro capítulo el periodista incluye el retrato de una camarera de club ascendida a artista de striptease. Una chica que hizo realidad el sueño de la lechera al invertir en pechos artificiales las propinas ganadas en servir copas, y que al poco descubrió que la operación no le traía cuenta: caminaba con los bolsillos casi vacíos por la senda de los juguetes rotos.

Dos extremos del mismo business: el dibujante cachondo y la stripper. ¿En este turno quién gana? ¿La conejita con pilas de corta duración o el muchacho que quería ser viñetista y jugó a la dura vida de playboy editor?

Obviamente, la banca gana. Hasta que se pinche el colchón de agua del público los niños empresarios se forran mientras las muchachas píxel tratan de salvar algo de ropa para el invierno y coronarse, como Hef, en la corte del indecente rey dinero. 

Humor gráfico e ilustración en la primera Playboy, por PlusGonzo.

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