ASGHAR FARHADI, MARJANE SATRAPI, TERESA ARANGUREN, TÚ Y YO: ENCUENTRO EN IRÁN

Óscar al mensaje de los artistas iraníes del cómic y el cine

La elocuencia de los hijos de Sherezade

Fernán Escudero

De siempre hay en mí una simpatía especial por el pueblo iraní, desde niña me fascinan los relatos de Las Mil y Una Noches, pebetero de fragancias persas del que colecciono cuantas ediciones llegan a mis manos. Esta conexión se estrechó en mi adolescencia, al unirse a mi círculo de amistades madrileñas un grupo de chicas y chicos refugiados políticos de Irán con motivo de la revolución de los ayatolás. Algunas tardes de verano nos hablaron de torturas por parte de la policía, de una persecución del gobierno de Jomeini sobre ellos y sus familias que les había obligado a abandonar su patria. Yo para entonces ya tenía vocación periodística y escarbaba en los fascinantes relatos de mi tiempo en busca de verdades y porqués.

Madrid era para estos jovencísimos iraníes la antesala de Estados Unidos, aquí esperaban el visado americano tras haber obtenido el español, mucho más accesible. Cruz Roja les proporcionaba una paga mensual de supervivencia. Con todo eran como nuestro grupo de españoles: alegres, extrovertidos, hambrientos de vida. Nos entendíamos muy bien, en inglés. Lo dominaban, excepto uno de los chicos más jovencitos, que intentaba disimular esta ignorancia a toda costa; no le olvidaré enfrascado varios minutos en la lectura de un libro que sostenía al revés, con el texto bocabajo; la escritura occidental era para él un jeroglífico. Luego se fueron marchando al destino soñado y no volví a verles.

Ellas y ellos, en su mayoría, eran guapísimos, con la elegancia natural y el punto de misterio de las bellezas asiáticas. O yo lo sentía así. Con frecuencia pieles y ojos claros bajo cabellos oscuros, siempre miradas hondas que a mí me parecían muy interesantes. Por eso cuando un lustro después Teresa Aranguren, magífica periodista con quien tuve la fortuna de compartir redacción en El Independiente, me dijo que físicamente yo parecía iraní, con el conocimiento de causa de la destacada corresponsal en Oriente Medio que ya era, no me importó, más bien me gustó. Le asombraba mi aire persa. Llegó a invitarme a comer a un restaurante iraní en Madrid, el Teherán, en la calle Ayala, que todavía existe, para presentarme a la familia que lo llevaba, personas encantadoras. (Hablo de tiempos en que los periodistas cuando empezábamos aún teníamos numerosos compañeros experimentados y en pleno ejercicio a nuestro lado para descubrir a través de ellos el oficio y el mundo, antes de que razones empresariales incomprensibles hayan prejubilado a los maestros virtuosos de cada orquesta informativa. Pero esta es otra historia. O no).

Desconozco si tendré parientes directos en Irán, aunque indirectos es prácticamente seguro que los tendremos la mayoría de quienes habitamos este espigón de Europa batido por mil oleadas de pobladores.

Después de Teresa Aranguren en varias ocasiones distintas personas han vuelto a llamar mi atención sobre este parecido. La última vez, de manera virtual, Marjene Satrapi, novelista gráfica iraní célebre por su obra Persépolis, llevada al cine, entre otras suyas, quien vive en Francia y estudió en Austria si bien pudo haberlo hecho en España como otros miembros de su generación cercana a la mía.

Últimamente Marjane se ha dirigido al ciudadano estadounidense con el mismo mensaje que anoche lanzó el cineasta iraní Asghar Farhadi al recoger su óscar a la mejor película de habla no inglesa por Nader y Simin, una separaciónEn realidad ambos hablan a mucha más gente, desde luego a cada ciudadano occidental. En desacuerdo con el gobierno iraní, así como con cualquier belicismo contra su país que se ampare en razones de otros Estados, dialogan de persona a persona no solo mediante su producción artística sino con sus declaraciones en estos momentos de tensión en el triángulo Irán-Israel-EE UU, ante el temor de que se transforme en uno de las Bermudas que nos abisme a ellos y nosotros en la enésima guerra más negra que el petróleo.

“El mundo no se divide entre Occidente y Oriente. Tú eres americano, yo soy iraní, no nos conocemos, pero hablamos y nos entendemos perfectamente. La diferencia entre tú y tu gobierno es mucho mayor que la diferencia entre tú y yo. Mi diferencia con mi gobierno es mucho mayor que mi diferencia contigo. Y nuestros gobiernos son muy parecidos”, afirma Marjane.

(“The world is not divided between East and West. You are American, I am Iranian, we don´t know each other, but we talk and we understand each other perfectly. The difference between you and your government is much bigger than the difference between you and me. And the difference between me and my government is much bigger than the difference between me and you. And our governments are very much the same”, Marjane said).

Asghar Farhadi

Esta idea de buscar la unión entre las personas por encima de desencuentros de dirigentes políticos a menudo ajenos a la voluntad del pueblo –unión que de alguna manera hacen posible los medios de masas, visiblemente ahora en internet a través de las redes sociales, y de antiguo  a través de los comics y el cine– elevó asimismo las palabras de Asghar muy por encima de su estatuilla en la gala de los oscars:

“En este preciso instante muchos iraníes en todo del mundo nos están viendo y me imagino que estarán muy felices. En un momento de presión hacia la guerra, amenazas y agresiones entre políticos, el nombre de su país, Irán, se pronuncia aquí con motivo de su gloriosa cultura, una antigua y rica cultura que ha quedado escondida bajo el grueso polvo de la política. Con orgullo ofrezco este premio a las personas de mi país, a las personas que respetan todas las culturas y civilizaciones y rechazan la hostilidad y el resentimiento”.

“At this time, many Iranians all over the world are watching us and I imagine them to be very happy. At a time of tug of war, intimidation and aggressions exchanged between politicians, the name of their country, Iran, is spoken here through her glorious culture, a rich and ancient culture that has been hidden under the heavy dust of politics. I proudly offer this award to the people of my country, the people who respect all cultures and civilizations and despise hostility and resentment”.

En el mismo sentido se ha expresado el maestro del cine iraní y universal Abbas Kiarostami durante su estancia en España, en la ciudad de Murcia hasta la segunda semana de este mes de marzo para impartir un taller cinematográfico con motivo del Festival Internacional sobre Viaje y Creación Ibn Arabí (IBAFF), cuyo jurado le ha concedido el premio honorífico.

La elocuencia de los hijos de Sherezade me conmueve; imagino que también a ti.

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